Desde la vendimia hasta la botella que llega a tu mesa: qué ocurre en cada fase, cuánto tiempo exige y qué decisiones dependen de nosotros y cuáles del propio viñedo. Una guía para saber qué esperar cuando pides un vino de autor riojano.
Antes de empezar cualquier trabajo conviene fijar qué entra y qué no. Estas notas evitan malentendidos sobre plazos, responsabilidades y alcance.
El proceso cubre análisis, propuesta, ejecución y entrega. No incluye servicios de terceros como registro de marca, licencias o traducciones juradas, salvo que se acuerden por escrito antes de la fase de propuesta.
Los tiempos indicados en cada fase cuentan desde la recepción del material completo. Si el cliente tarda en enviar textos, imágenes o accesos, el calendario se desplaza en la misma proporción. No se compensan retrasos por causas ajenas al equipo.
Cada fase admite dos rondas de ajustes sobre lo entregado. Cambios de criterio, nuevas secciones o modificaciones estructurales después de aprobar una fase se tratan como trabajo adicional y se presupuestan aparte.
Se considera aprobada una fase cuando transcurren cinco días hábiles sin comentarios por parte del cliente, o cuando este confirma por escrito. A partir de ahí se avanza a la siguiente etapa.
Los archivos entregados quedan a disposición del cliente para su uso previsto. Los materiales de trabajo previos, bocetos descartados y documentación interna no forman parte de la entrega final.
Si el proyecto se detiene por decisión del cliente, se factura el trabajo efectivamente realizado hasta la fecha. Las fases no iniciadas no generan cargo.
Desde la poda de invierno hasta la botella que sale de bodega, cada fase tiene su calendario y sus límites. Aquí queda claro qué ocurre, cuándo y qué decisiones no se pueden improvisar.
Enero – Marzo
Se poda viñedo a viñedo según la edad de la planta y el vigor del año anterior. En parcelas viejas de Garnacha se deja menos carga para concentrar el fruto; en Tempranillo joven se equilibra para no perder acidez. El criterio lo fija el enólogo junto al viticultor, no una norma general.
Abril – Julio
Control de humedad del suelo, aclareo de racimos si el cuajado viene cargado y vigilancia de mildiu y oídio. En esta fase se decide el rendimiento por hectárea, que condiciona directamente la concentración del mosto. No se interviene más de lo necesario: el objetivo es llegar a vendimia con uva sana, no con la parcela "perfecta".
Septiembre – Octubre
Se vendimia por parcelas y, cuando hace falta, en dos pasadas para separar el fruto más maduro del que aún no está listo. La uva entra en bodega en cajas pequeñas y pasa por mesa de selección antes de despalillarse. Cualquier racimo con podredumbre se descarta aquí, no en el depósito.
Octubre – Noviembre
Fermentación alcohólica en depósito de acero con control de temperatura, seguida de maceración para extraer color y tanino. Los tiempos varían según la variedad y el estilo buscado: los vinos de guarda pasan más días en contacto con el hollejo, los de perfil más fresco se prensan antes. Se catan varias veces al día durante esta etapa.
Noviembre – Año siguiente
El vino reposa en barricas de roble francés y americano de distintos tostados y capacidades. Se hacen trasiegos periódicos para separar sedimentos y se ajusta el tiempo según la evolución de cada lote. No todos los vinos pasan el mismo número de meses: algunos se embotellan antes para conservar fruta, otros aguantan más para ganar complejidad.
A partir del segundo año
Tras el ensamblaje final se embotella y el vino reposa en botellero al menos unos meses antes de comercializarse. Este reposo redondea el tanino y estabiliza el color. La salida al mercado se decide catando el lote, no por calendario comercial: si un vino aún está cerrado, se espera.